sábado 22 de noviembre de 2008

Diario de un hombre rana


- Algún parecido con la realidad... SÍ -

Amo el agua. Amo el agua y su sal.

La vida debajo de ella es paz, felicidad y silencio.

Muevo las piernas y los brazos, sintiendo un cuerpo más denso y libre mientras el frío de las aguas invade los encuentros de mis extremidades cansadas de remar en la profundidad de los mares en calma.

Debajo del mar, la vida nos pone la otra mejilla en alimento perpetuo. Es vida que permite vivir a más vida. Es un ciclo entero de paz llevadera y guerra serena necesaria para el equilibrio natural.

Aquí tengo que disfrazarme de rana para poder vivir como el resto. Aquí debo de disfrazarme para que no se note mi presencia. Aquí nadie debe de saber el hombre que debo ser allá arriba donde aún existe la injusticia de tener que morir por hambre. Pero morir por algo al fin.

Aquí no debo preocuparme por morir antes que por vivir. A veces pienso en quedarme a vivir aquí abajo, nadando para siempre entre la vida que NO ES, donde soy afortunadamente infeliz. Vivir disfrazado y regresar a la superficie solo para tomar un poco de aire muy de vez en cuando.

Pero me ahogaría. La mala costumbre me perdería en la armonía del mar que en su manso andar me ahogaría hasta dejarme el corazón seco de tanto mojar. Es la vida con una muerte que secunda, ulterior a toda mentira provocativa escondida en las profundidad del océano sin lucero ni luna.

Y así habría de terminar, muerto en su dulce olear, aquí debajo del mar.

Es cuando realmente me castigo al resolver lo equivocado que estaba: La vida no es más que un conjunto eventos que debo saber comprender aún cuando exista una verdad que me duela.

Porque así se nos ha dado la vida. Porque en libre albedrío somos capaces elegir lo que deseamos como nuestro, y que no gracias a un raciocinio de por medio somos inútiles de amar y de pensar con el corazón abierto; no ser auténticos solo porque la razón así lo indica, accionado previo procesado que termine en descepción de elección.... y muerte.

Dejo este buzo, mi disfraz de rana. Vuelvo a mi superficie para vivir de verdad: La vida en buena voluntad que en su penoso andar extrañaré las olas del mar. Pero yo no le haré caso.