miércoles 12 de noviembre de 2008

Mi primera y única gran pelea en el colegio



Decidí comenzar el relato con esta imagen, ya que más o menos tendría la edad de los personajes de "South Park" cuando esto sucedió. Pero lo más gracioso del especicifismo de esta imagen, es que mi rival, en mi primera pelea de colegio, fue nada más y nada menos que: el gordito del salón.

Quizás no era el más gordito del salón, pero era lo suficientemente tetoncito como para mofarnos de él hasta el aburrimiento la clase entera. Era debido a él que comenzaban las burlas y los desórdenes; y era él quien siempre resultaba castigado en lugar de todos nosotros. Casi siento pena al admitir que fue mi amigo después de la pelea, pero igual no podía evitar ser parte del chongo que siempre se formaba en el aula debido a su desaliñado y poco agraciado aspecto.

Que conste, que lejos de ser un resentido social, este amiguito era el tipo de persona que no te guardaba rencores. Por lo tanto las mofas y los insultos no eran para reírnos DE él... sino CON él.

Comienza así: ZOILA -apodo escolar con el cual lo bautizamos en honor a su benemérita madre- estaba sentado tranquilamente en la esquina del saloncito del 5to "A" de primaria, cuando resolví molestarlo. No era usual verlo al fondo del aula; las profesoras en la primaria solían sentarlo adelante para ahorrarse la molestia de callarlo de cuando en cuando.

Pero no fue hasta la hora del almuerzo que logré mi cometido de provocar a Zoila...

Es necesario hacer una interrupción aquí para aclarar que después de esta pelea me volví la persona más pacífica y por ende, la más pava del salón. Es decir, me volví el "mariconcito" del salón no solo porque no me metía a las peleas, sino porque usaba pantalones muy apretaditos. Porque era rockerazo en mis epocas infantiles... y un diseñador de modas gay en mi secundaria tardía... pero esa ya es otra historia.

Tras provocar la ira de Zoila, que hervía por las orejas harto de que lo jorobaran todo el tiempo, éste me procuró tremendo golpe que me dejó tendido por breves segundos en el pavimento del saloncito.

Yo, hombre al fin, encendido, desperté todos mis sentidos de caballero del zodiaco y con la cara aún en el suelo, alcancé a mirar la tapa del tacho de basura. La tomé, y con el poder y la puntería que tuvo Seiya cuando le metió el flechazo a Lucifer y a otros tantos dioses, arrojé la tapa de basura -cual disco- desde un extremo del salón al otro.

Esta terminó impactando en la cabeza de Zoila, más o menos así:



Me fui a sentar porque llegaba el profesor. Zoila se había quedado inconsciente bajo su carpeta, pero al rato se recuperó, poniendo cara de perro que recién abre los ojos después de nacer.

Luego de verlo así, algo me conmovió. Sin ánimos de volver a molestarlo le pedí perdón y fuimos buenos amigos el resto de nuestras vidas escolares...



Excepto por la única vez en que nos peleamos porque le bajé el pantalón frente a mi ex, que resultó ser la chica por la que se desvivía en el colegio.... y presumo que hasta el día de hoy todavía no se saca ese clavo.