lunes 9 de mayo de 2011

Humala: el mito Humala y el efecto Humala

"They must find it difficult, those who have taken authority as truth, rather than truth as authority"
–Gerald Massey. Egiptólogo.

A menos de un mes de finalizar este calvario que es votar, se mantiene todavía una serie de dudas -más que de afirmaciones- respecto a uno de los principales actores de los comicios de este año: ¿quién demonios es Ollanta Humala? ¿Es realmente ese mismo rebelde primario de hace cinco años o ha tornado para bien sus ojos al socialismo de una izquierda moderna y democrática?

La respuesta es probable que ni el mismo Humala la sepa. Así que aquí, como en otras muchas ocasiones, no trataré de proyectar certezas sobre algo que ni siquiera termina de definirse por sí mismo. Es prejuicioso, tanto como impertinente -considero- generar afirmaciones acerca de algo o alguien, si esto no nos es correspondido ser y tomarlas como hechos cuando solo merecemos menos que juzgar por lo que se nos proyecta, siendo esto algo parcial y en ocasiones molesto. Me explicaré luego con menos floro barato.

Gracias a una serie de conversaciones con personas de mis entornos (mis diferentes entornos), casi tan desapasionadas como yo al creer que tanto uno como otro candidato están en total equivalencia de humanidad y aptitudes, aunque suene a chiste, me propuse evaluar qué tanto nuestros prejuicios arraigados pueden determinar la debacle incluso del más noble y bienintencionado de los hombres o elevar hasta el pináculo de la gloria al que sería un temerario verdugo de nuestras libertades. Sí, sigo hablando de Ollanta Humala.

Es a raíz de evaluar el impacto de la figura más que a la figura misma, que pude estructurar de alguna manera, tres entes alrededor de Ollanta Humala. Humala como objeto observado, la sombra de Humala (que también prefiero y vengo llamando hasta ahora el “mito” Humala), y finalmente nuestra interpretación y reacción frente al mito; el efecto Humala. Cada una más trágica que la anterior.

En primer lugar, el objeto: al verdadero Ollanta Humala, al objeto, no lo conocemos ni lo conoceremos hasta el 28 de julio o tal vez pasado el 5 junio después de la segunda vuelta. Quizás él mismo hasta el día de hoy se desconoce, y casi tanto como muchos de nosotros, no es consciente de lo que vaya a pensar o sentir el día de mañana al despertar. El verdadero Humala es como una crisálida incapaz de dejarnos ver la abundancia de su verdad, reservada aún para el futuro. Conocerlo al final del derrotero electoral, una vez echada nuestra suerte, romperá finalmente lo que se crea del mito alrededor, de todo el juego mediático sobre esta crisálida.

Raras veces podemos verlo realmente. Escapa a la rabadilla de nuestros ojos cuando creemos verlo. Sobre este Humala, el verdadero, que no somos capaces de conocer actualmente, es que se forman una serie de ideas que adornan lo que sería tanto la expectativa, como la historia del ser que aún no es y tal vez ni sea: el mito Humala.

Es la sombra reflejada, la coraza especulativa. El mito Humala es la proyección de todo lo que se ha venido generando hasta ahora, gracias en buena parte a los medios de comunicación. Tanto su pasado como rebelde, las cosas que hará pero dijo que no hará, lo que dicen que dijo y lo que realmente dijo pero que niega, sumadas a la parafernalia de interpretación mediática convenida, caprichosa y redundante, es lo que genera al fin una figura de Humala en nuestras mentes, sobre la cual, para bien o para mal, emitimos juicios muchas veces faltos de argumento y de realidad y que tienden más a lo fantasioso, y que el mismo Humala (el objeto) no afirma o sale a desmentir, o tal vez diciendo verdades a medias, generando aún más intriga sobre la cual imponemos desconfianza y alimentamos a la imaginación.

La figura, el mito Humala, es lo que se retrata y todo lo que se puede decir del objeto, pero que no es el objeto en sí finalmente. Las aparentes certezas fácilmente emitidas acerca de su pasado, su educación castrense, su loca familia, sus movimientos subversivos y lo que pueda llegar a hacer con la constitución, que se vuelva un Chávez, que nos llegue un Lula, los que hará con los fondos de pensiones y demás etcéteras, no son sino POTENCIALIDADES medianamente argumentadas de la crisálida, posibilidades de ser del objeto, y que pueden acercarse a la verdad, pero no son la verdad. Eso es el mito Humala.

Pero me explico respecto a que el mito no hace necesariamente al objeto: tu pasado, tus creencias, todo lo que la gente espera de ti, tu forma de vestir, de hablar y todo en general, si bien habla suficiente de tu persona, jamás va a justificar quien eres y lo que haces, porque a la larga esa decisión es enteramente tuya, así como lo es ser así plena decisión de Humala, el objeto.

Finalmente, una vez explicado y entendido (ojalá) el espejismo de lo que todavía no es propiamente Humala (el mito), confrontado con Humala mismo (el objeto, que no rompe con esos juegos tendenciosos y nos mantiene en vigilia), solo nos queda explicar lo que –a mi parecer- es algo peor y que va mucho más allá que nuestros juicios, dado que puede escapar de nuestras manos y hacernos verdadero daño: el efecto Humala, la interpretación y la reacción frente a la sombra proyectada, es decir, del mito.

Es bien sabido en el ámbito científico, que gran parte del ser del objeto observado es influenciado por la visión del observador. Es relativista, sí, pero son nuestras interpretaciones las que nos llevan a tomar actitudes distintas frente a hechos tal vez indistintos.

Son estas interpretaciones del objeto las que confluyen con lo más íntimo de nosotros. Ya no son solo los juicios respecto al segundo o al tercero o a Humala, sino el juicio respecto a nosotros mismos. Son entonces nuestras creencias, nuestra ideología y nuestras expectativas, las que convergen con el mito asimilado e interpretado. Y es consecuencia de esta convergencia, que la respuesta de un accionar respeta nuestros principios y es coherente con nuestra idiosincrasia, cualquiera que esta sea.

Es clave entonces hablar sobre la idiosincrasia nacional. 30% de votantes por Humala principalmente en zonas donde el estado no se hace presente. ¿Qué podemos interpretar respecto al hecho de que un 30% del total quiere acabar con el actual sistema llámese “opresor” o “de crecimiento”? ¿Qué podemos esperar de quienes hasta ahora no han sido escuchados y cuyas acciones no son sustentadas sino por un poder que justificará –para ellos- la rebeldía y hacer lo necesario para ser escuchado?

Quizás Humala mismo no lo diga. Quizás Humala mismo no lo piensa y no lo sienta así. Pero más de un ignorado que hoy vemos como mayoría tiene cosas que decir, y más que decir, acciones a tomar por la fuerza. Vamos con ejemplos para que no se quede en el aire el he decidido denominar “el efecto Humala”:

El caso De Althaus es claro ejemplo del efecto Humala. Si bien esta vez podemos quejarnos por no estar de acuerdo con la línea de libertad de expresión que muchos de nosotros respetamos, un eventual gobierno de Humala puede “justificar” (ojo, no aprobar y lo pongo entre comillas) que la gente en la calle haga sentir sus propias opiniones de la prensa, que no necesariamente sean compartidas por Humala objeto. Humala puede defender la libertad de expresión, pero mientras no haya un llamado de cese a la violencia o a la “justicia de pueblo”, el pueblo se le escapará de las manos porque es esta la expectativa que tiene el pueblo de un eventual gobierno, no de Humala objeto, sino de Humala como mito, como si fuera un violento Pachacútec en quien esperan ampararse para lograr esa justicia que les ha venido siendo esquiva.

¿Entienden mi punto? Aquí un caso más.

De acuerdo al relato de un amigo, una persona extranjera que apuesta por el Perú hace ya varios años con un negocio en provincia, de pronto se ve bajo amenaza por los locales debido a su condición de extranjera. Y estas personas originarias esperan con ansias el día en que Humala asuma el poder para poder arrebatarle lo que tiene y que ha venido trabajando, con el fin perjudicarla a ella y a los demás extranjeros. La pregunta entonces es ¿realmente Humala apoya esto? La respuesta más obvia y racional es que no. Y Humala mismo saldría en televisión diciendo que no, sin reparos. Y si bien no podemos estar seguros, es el efecto Humala una vez más diciendo presente. Es lo que sucedería eventualmente con la población, una vez tomado el poder. Es más, casi sin efectuar Humala objeto sus primeras reformas, estos efectos saltarían -gracias al mito- al día siguiente de asumir el cargo presidencial. ¿Lo pueden ver? No es lo que Humala haga o dice que hará. Es el efecto Humala como mito mesiánico en la población ignorada en buscar de orgullo o lo que sea. Y gracias a los medios que hacen un excelente trabajo (sarcasmo), es a veces la figura de un golpista y a veces la de un salvador. Con un poco de ambos tenemos un Cristo en camino.

Para que sea entendido y no queden dudas: la bolsa, por ejemplo, comparte este efecto Humala. La bolsa cae si alguna vez los inversionistas deciden no invertir, no apostar por un futuro viable. John Maynard Keynes, economista inglés, homosexual, y a quien me doy el lujo de citar, habló alguna vez sobre lo que son los animal spirits que puede significar para un consumidor o para un productor interactuar o no en una economía dependiendo de la confianza o motivación. Lo siguiente lo extraje de la Wikipedia y está escrito en el libro de Keynes, “The General Theory of Employment, Interest and Money” (1936):

“Even apart from the instability due to speculation, there is the instability due to the characteristic of human nature that a large proportion of our positive activities depend on spontaneous optimism rather than mathematical expectations, whether moral or hedonistic or economic”


Este factor motivacional (que no deja de ser especulativo) corresponde en estos casos al efecto Humala por la desconfianza. Desconfianza que responde al mito que armamos alrededor del objeto. Y es sobre el objeto mismo, que se vuelve a reafirmar el mito, y vuelven a recaer juicios negativos cada vez que cae la bolsa, casi como un círculo vicioso que tiene hartos a varios. Y ojo, Humala ni siquiera es presidente, pero la bolsa ya empieza a caer: es claramente el efecto Humala sostenido por el mito Humala.

En un potencial gobierno del señor Humala, una vez resuelto como objeto, a la prensa no lo habría convenido separar tanto al mito del objeto, si no quiere ganarse la desconfianza esta vez del pueblo. No vaya a suceder que el pueblo termine por amar más al mito que al objeto, haciendo que Humala mismo se crea este cuento que ya hemos visto antes: un ser mesiánico que llegó para resolver asuntos ajenos.

Si el objeto se vuelve mito al final, alimentado por fantasías estúpidas, es que empezaremos el doloroso y tortuoso camino hacia el carajo.

1 comentarios:

Giovanna P. dijo...

Realmente bueno el análisis (medio filosófico) que haces de Humala. Creo que en estos primeros meses recién estamos conociendo un poco al verdadero Humala (aunque a veces más a su esposa).